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viernes, 30 de marzo de 2012

Bendita niñez

Qué habrá sido de aquel niño rubio al que sólo le importaba jugar y ser feliz. Todavía recuerdo con añoranza la última vez que le vi corriendo por el jardín, tan despreocupado por la vida, tan preocupado por vivir. Y había que ver con que ilusión y energía abordaba su día a día, era algo digno de admirar.
Como para cualquier niño de su mismo entorno, las preocupaciones no formaban parte de su rutina, y su única obligación consistía en disfrutar cada momento que pasaba sin tener que pensar en su futuro y en todos los quebraderos de cabeza que esto conlleva.  Y es que la intranquilidad parecía haberse desligado del travieso renacuajo que cada tarde se juntaba con sus amigos bajo la ventana de mi casa. Ya no tenía nada que hacer con él, no sabía cómo incurrir en su interior. Y qué decir de sus miedos, tan irrelevantes, tan infantiles, tan evanescentes ....
A día de hoy, sé que aquel niño rubio ya ha crecido,  ahora tiene una verdadera imagen de la realidad, una imagen totalmente opuesta a la que tenía algunos años atrás. Es consciente de todo cuanto le rodea, y a pesar de que en un primer momento no quiso aceptar las cosas tal y como eran, finalmente decidió intentar ser optimista, al menos consigo mismo....


A

1 comentario:

  1. Dejar de ser niño es duro, pero tiene su compensación, sobre todo si uno deja en su espíritu un trocito de niñez...
    Un abrazo.

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