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sábado, 5 de septiembre de 2015

¿En qué dirección va el mundo?

Aylan jugaba hace unos meses junto a su hermano Galip y otros amigos.  Seguramente le encantaba correr, reír y disfrutar de su inocencia, al igual que el resto de los niños del planeta. Tanto su familia como un incontable número de familias sirias no tenían acceso a un mundo como el que cualquiera de nosotros conocemos, sin embargo, disfrutaban con lo poco que tenían e intentaban ser felices. El entorno en el que vivían al menos les permitía apoyarse y cuidarse entre sí mientras estuvieran viviendo bajo el mismo techo a pesar de la violencia que continuamente les rodeaba.

Pero todo esto ha cambiado drásticamente. Y es que este niño de tres años ya no podrá abrazar a su madre, ni aprenderá a leer y escribir, tampoco volverá a escuchar una de las canciones con las que tanto sonreía…porque han encontrado a Aylan muerto en la orilla del mar mientras intentaba huir del egoísmo y el dolor que algunos monstruos (y no personas) se empeñan en causar al ser humano. Es muy duro, no obstante, es la cruda realidad.

Y ahora es cuando vuelve a tocar abrir bien los ojos y ver qué es lo que está pasando en el mundo, esto no puede ni debe continuar así, por el bien de la humanidad.  No deberíamos llegar a estos extremos, la desesperación que se vive en conflictos de tal magnitud no se consigue en cuestión de horas. Al parecer solo tendemos a concienciarnos cuando vemos que el vaso está desbordado y el agua cae por todos lados, no nos engañemos, sabemos que el caso de Aylan sucede a diario muchísimos lugares del mundo.


Tomemos conciencia, por favor. La madre de Aylan solo quería un futuro diferente para sus hijos, lo mismo que querría cualquier madre que estuviese en su lugar. 

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