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jueves, 9 de enero de 2014

Miedo al cambio

Dentro de poco comenzaría una nueva vida, cambiaría los robustos y centenarios abetos por las gigantescas estructuras de metal que, de forma artificial, se encargaban de iluminar las calles de la gran ciudad. La saturación urbana a la que tanto temía pronto se convertiría en una realidad a la que debería de adaptarse aunque no fuese de su agrado. Era su oportunidad de salir del bache por el que estaba atravesando, seguramente encontraría nuevos objetivos e intereses que le llevasen a una mayor realización a cambio de dejar atrás una vida repleta de inigualables recuerdos y experiencias.
No tenía otra opción posible, en el pueblo apenas había trabajo para algunos, era hora de cambiar la tranquilidad por el bullicio constante. Tenía que ser valiente y alejarse de la rutina que seguían el resto de  los jóvenes de la zona, quienes se compadecían de sí mismos a cada instante, aceptaban su situación entre lamentos y se consolaban sabiendo que la gran mayoría estaba pasando por lo mismo.
Ahora solo cabía esperar un tiempo para comprobar si sería capaz de amoldarse a un estresante ritmo de vida y a su vez intentar mantener y apreciar su pasado con la misma intensidad con la que siempre lo había hecho. Tarde o temprano tendría que dejar a un lado sus miedos y aceptar el costumbrismo urbano si de verdad quería darle un giro completo y necesario a su vida, no le quedaba más remedio.