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jueves, 31 de enero de 2013

¿Un relato corto casual o causal?

Aguardo su llegada durante un buen rato. Me encuentro sentado en un cómodo banco de madera, hecho que me parecería extraño si no estuviese en uno de los pintorescos lugares que suelo catalogar como inspiradores. Y lo considero así porque estos idóneos emplazamientos consiguen relajarme, al igual que su clima permite que  las ideas surjan por sí solas.
Sigo esperando, parece que hoy será uno de esos días en los que la inspiración parece tener mejores cosas que hacer, por lo que decido contentarme con observar  el paisaje y todo lo que sucede a mi alrededor. A lo lejos, un desconocido hombre de edad avanzada pasea lenta y silenciosamente. Tiene la mirada baja, reflexiva, y sus andares son más que pausados. No tardo en analizar sus planeados movimientos, de lo que deduzco que pronto pasará por mi lado.
A pesar de que suelo pasar desapercibido en este tipo de situaciones, he podido comprobar cómo su mirada se detenía sobre la imagen del grueso taco de folios blanco, los dos bolígrafos y el libro de Pablo Neruda que tengo a mi lado derecho. Sus gestos cambian radicalmente y, justo antes de preguntarme acerca de la obra del chileno, una arrugada sonrisa se dibuja en su cara y una grata sensación parece recorrer su cuerpo de pies a cabeza. Al parecer a él también le agradan los versos del conocido poeta, incluso llega a confesarme que estuvo escribiendo poesía durante algunos años influenciado por los trabajos de Neruda.
Tomando como punto de partida la opinión que ambos teníamos sobre este admirado escritor, finalmente hemos estado conversando largo y tendido acerca del panorama literario actual, escritores emergentes...y ya que estábamos sumergidos en estas cuestiones hemos aprovechado para realizar una comparativa de estas perspectivas actuales con las del pasado a través de sus bastos recuerdos, lo que puedo asegurar que me ha resultado gratamente interesante y gratificante.
Ha sido un encuentro casual, de eso no hay duda, aunque hay que admitir que la búsqueda de la inspiración, la cual me ha llevado a elegir este lugar, y la tenencia de la obra de Pablo Neruda han sido las causas por las que ha podido surgir la casualidad de dicho encuentro...

viernes, 18 de enero de 2013

Noche en blanco


Todavía no es medianoche, no obstante, y con la intención de matar algo del tiempo que suelo dedicarle a la televisión o caja tonta, como vosotros prefiráis llamar a semejante aparato, me siento frente al ordenador con el único fin de redactar algunos de los textos que, incompletos, esperan que llegue su oportunidad para así poder quedar finalizados. Pero no todo transcurre tal y como me gustaría, mi cabeza y mis pensamientos no están donde deberían, lo que me provoca una falta de concentración absoluta y una profunda dispersión de ideas.
Tomo aire, cierro los ojos durante unos instantes y trato de terminar con lo que un día empecé. Ni tan siquiera mi arduo empeño es capaz de conseguirlo, las palabras siguen resistiéndose a salir de la madriguera que mis inquietudes han creado a su alrededor.
Intento hacerme creer que no desistiré, nunca he sido de los que tiran la toalla a las primera de cambio, no dejaré que la falta de inspiración gane la batalla, motivo por el cual decido agarrar uno de los bolígrafos con los que tanto disfruto escribiendo debido al suave movimiento con el que se desliza entre mis dedos a la hora de plasmar las palabras sobre el grueso cuaderno en el que recojo mis anotaciones. De vuelta al método tradicional.
A pesar de mi voluntad y de las distintas ocurrencias que tan buen resultado me han dado en otras ocasiones, nada cambia, incluidas mis intenciones por llevar a cabo mi cometido, aunque quizás…esta sea una noche en blanco más…

miércoles, 16 de enero de 2013

¿Avance, progreso o…irrealidad?


Hay ocasiones en las que,  partiendo de una visión comparativa entre mis propias experiencias y los comportamientos actuales de la sociedad, he de admitir que añoro gran parte de mi pasado. La inocencia con la que solía compartir juegos, peleas y risas con mi hermano Carlos se ha convertido en una relación de innata madurez parcial adquirida por ambas partes, al igual que las insignificantes preocupaciones que merodeaban en mi interior por aquellas épocas han quedado sepultadas bajo la pesada losa que a día de hoy nos acompaña a través de las múltiples y novedosas necesidades que han ido surgiendo con el paso del tiempo.
En mi opinión, hemos perdido ciertos matices de independencia personal a causa de la implementación global de las nuevas tecnologías que nos llegan de la mano de smartphones, videojuegos, redes sociales y demás elementos que cautivan o copan nuestra atención.
Cierto es que nos aportan una mayor libertad a la hora de administrar y disfrutar nuestro tiempo, sin embargo, y a mi entender, las personas son cada vez más dependientes y solitarias, detalle que me lleva a cuestionar los distintos usos que por uno u otro lado limitan y distorsionan nuestras habilidades comunicativas. Ficción, mentiras o sub-realidades que no son más que un bálsamo que nos permite continuar esquivando un verdadero contacto con la auténtica realidad en la que vivimos.
¿Realmente podría alguien tener setecientos amigos?  ¿De qué nos sirve saber cuál ha sido el último comentario realizado por alguna tertuliana de la prensa rosa? ¿Nadie se cuestiona por qué hay un mayor número de personas interesadas en ver un partido de fútbol que en erradicar el hambre o la analfabetización en el mundo?
Aprendamos a elegir, o mejor,  aprendamos a seleccionar qué tipo de avances o progresos necesitamos realmente.