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lunes, 24 de junio de 2013

Compartiendo un sueño

Mi actividad cerebral parece normalizarse a medida que pasan las horas. En las últimas semanas he vivido situaciones especiales a las que no me importaría acostumbrarme, hay que ver lo rápido que nos adaptamos a lo bueno, y más cuando este tipo de vivencias las compartimos con personas que nos apoyan sin esperar nada a cambio. Agradezco cada una de las palabras y gestos que me acompañan en esta novedosa y grata aventura, me siento agraciado porque así sea, es un placer poder compartir mis sueños con aquel que lo desee y quiera hacerse partícipe de los mismos, todos sois bienvenidos.
Estas situaciones y momentos me sirven para valorar y apreciar mi entorno aún más sí cabe, y a su vez me proporcionan la convicción  y las fuerzas necesarias para continuar por el largo camino que me queda por delante. Y como prueba de ello, prometo compartir la satisfacción...intentaré contagiaros la agradable sensación que recorre mi cuerpo de pies a cabeza...escucharé vuestros consejos y aceptaré las críticas de la mejor manera posible. Últimamente sueño  despierto, deseo aliarme con la realidad, involucrarla en mis pretensiones y convencerla para que se posicione del lado de mis ilusiones...¿me acompañáis?

lunes, 3 de junio de 2013

Las dos caras de la soledad

Carlos ha decicido tomarse un descanso con el fin de dedicarse unos días así mismo. Necesita descansar la mente, alejarse de los insufribles horarios y buscar algo de inspiración. Estas son sus intenciones: relajarse, escribir y dejar que el tiempo se pierda durante alguno de los interminables paseos por el campo. De esta manera, tratará de disfrutar cada segundo, rodeándose de silencios que nunca le incomodarán, alejándose de la ruidosa e invaribale rutina que le rodea, sumergiéndose en la tan ansiada espiral de soledad por la que ha optado voluntariamente...
La abuela Inma, como suelen llamarla sus nietos en alguna de sus inusuales visitas anuales, camina sola, despacio, dialogando en voz alta. No busca llamar la atención, este comportamiento ya se ha convertido en una mala e inarraigable costumbre personal, adquirida ante la falta de compañía con la que convive a regañadientes. Han sido muchos años de lucha contra esta nefasta sensación de abandono que la atormenta cada amanecer. No ha tenido otra opción que amoldarse a este estilo de vida solitario que tanto le atemoriza y jamás buscó...