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lunes, 3 de junio de 2013

Las dos caras de la soledad

Carlos ha decicido tomarse un descanso con el fin de dedicarse unos días así mismo. Necesita descansar la mente, alejarse de los insufribles horarios y buscar algo de inspiración. Estas son sus intenciones: relajarse, escribir y dejar que el tiempo se pierda durante alguno de los interminables paseos por el campo. De esta manera, tratará de disfrutar cada segundo, rodeándose de silencios que nunca le incomodarán, alejándose de la ruidosa e invaribale rutina que le rodea, sumergiéndose en la tan ansiada espiral de soledad por la que ha optado voluntariamente...
La abuela Inma, como suelen llamarla sus nietos en alguna de sus inusuales visitas anuales, camina sola, despacio, dialogando en voz alta. No busca llamar la atención, este comportamiento ya se ha convertido en una mala e inarraigable costumbre personal, adquirida ante la falta de compañía con la que convive a regañadientes. Han sido muchos años de lucha contra esta nefasta sensación de abandono que la atormenta cada amanecer. No ha tenido otra opción que amoldarse a este estilo de vida solitario que tanto le atemoriza y jamás buscó...

4 comentarios:

  1. Me duele la abuela Inma. A veces junto en casa algunas personas de edad. Tomamos té y leemos. No les es fácil, porque la soledad es difícil. Para superarla les aconsejo llenarla de ideas, Llevar un cuaderno de sueños, dibujar, pintar y ver muy poca televisión. Solemos hablar por teléfono. Me llaman a horas insólitas. Pero me gusta porque nos acompañamos.
    Me encanta lo que tú haces. Ese robarle tiempo a las obligaciones para encontrarse con uno mismo, buscar la inspiración, nutrirte de la naturaleza y su silencio poblado de sonidos que sólo se escuchan en el silencio. Es maravilloso. ¿Qué no harás luego?

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    1. Gracias por comentar Ana, me encanta que lo hagas, ya lo sabes. ;-)

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