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martes, 24 de enero de 2012

El valor de las palabras

Son las siete de la tarde, estoy algo cansado, sin embargo, sé que debo mantenerme despierto, la ocasión lo merece. Ya queda poco para que termine con los últimos detalles del proyecto,  un esfuerzo más y habré terminado.
Interrumpiendo mi concentración, comienza a sonar mi teléfono móvil, hecho que me provoca un pequeño sobresalto. Observo detenidamente la pantalla, soy incapaz de reconocer el número que en ella aparece reflejado, aunque por el prefijo de dicho número intuyo que se trata de una llamada internacional.
Contesto con un tono un tanto serio, intentando averiguar de quién se trata. El sonido llega un tanto retardado, pero eso no es ningún impedimento para que rápidamente reconozca la voz de mi amigo Diego. El simple hecho de que éste se haya acordado de mí es todo un halago, no solemos hablar mucho por teléfono, pero esto no resulta un inconveniente para que seamos grandes amigos.
Tras los típico saludos iniciales, Diego va directamente al tema a tratar. Le noto feliz, ilusionado, incluso un tanto ansioso por querer darme tan grata noticia. Por fin lo hace, me sorprende, me alegra, me emociona....
Tardo unos instantes en asimilarlo, y tras esta reflexiva detención, Diego me aborda con una desconcertante pregunta, consiguiendo dejarme así aún más desubicado de lo que estaba. Podría no contestar a la cuestión que éste me plantea, él ya conoce mi respuesta, no obstante, lo hago encantado, quiero transmitirle todo mi apoyo a través de mi respuesta.
¡Felicidades amigo mío!

1 comentario:

  1. Cada palabra es un regalo solo es cuestión de saberlas apreciar, en su justa medida. Pero son muy valiosas en determinadas circunstancias.

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