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lunes, 8 de octubre de 2012

No dejes para mañana...lo que puedas solucionar hoy...

Erika, al igual que Tania, solía dirigirse hasta el granero en cuanto los primeros rayos de sol comenzaban a colarse por la pequeña ventana de su habitación, momento en el que los habitantes de la aldea comenzaban a despertar de su placentero sueño. La rutina provocaba que ambas salieran casi al mismo tiempo de sus casas tomando distintos caminos para llegar a su destino, aunque la distancia que debían recorrer era exactamente la misma. Sin embargo, desde hacía algunas semanas y a pesar de la similitud de los trayectos, Erika siempre llegaba en último lugar.
Cierto día, el capataz, intrigado por las razones que provocaban este extraño suceso, decidió que a partir de la mañana siguiente, les acompañaría durante sus travesías. Un día iría junto a Tania y al otro con Erika, repitiendo esta operación todas las veces que hiciera falta hasta que consiguiese desvelar el misterio, no obstante, el capataz únicamente tuvo que seguir una sola vez a cada una para comprender lo que estaba ocurriendo.
Los caminos por los que Erika y Tania avanzaban con sus viejos carromatos estaban situados en la parte baja de las gigantescas montañas que rodeaban la aldea, lo que provocaba que algunos de los  rocosos fragmentos que dibujaban este tipo de relieve cayeran a lo largo y ancho de estos pasajes. Erika siempre trataba de esquivar las distintas rocas que podían dificultarle el paso o se desviaba de su ruta habitual hacia otra por la que pudiera continuar sin problemas incluso sabiendo que esto le haría perder aún más tiempo. Tania, por su parte, dedicaba unos minutos al día a despejar el sendero por el que ella se dirigía con intención de evitar la situación en la que se solía encontrar Erika cada tres o cuatro días.
Todo le había quedado claro al capataz, Erika no era capaz de afrontar los problemas a medida que le iban surgiendo, obteniendo como resultado final un cúmulo de adversidades que conseguían condicionar su personalidad en distintos ámbitos, mientras que, Tania, quien contrariamente trataba de solucionar los inconvenientes en cuanto alguno de ellos hacía acto de presencia, siempre actuaba de una forma más tranquila y optimista y nunca tenía que lamentarse acerca de lo que pudo hacer y no hizo. Así que, tras haber observado con detenimiento estos dos tipos de comportamientos, al capataz no le quedo más remedio que acercarse hasta Erika con intención de darle un consejo que pudiese aplicar no sólo a su faceta laboral: "No dejes para mañana...lo que puedas solucionar hoy".

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