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domingo, 22 de julio de 2012

Buscando o encontrando diferencias

Los extensos campos de girasoles parecen estar esperando su turno para actuar mientras los últimos rayos de sol  guían sus precisos y casi imperceptibles movimientos . El interminable camino de tierra por el que transito me adentra en la maleza sigilosamente, casi sin darme cuenta. Me siento vivo, dueño de mis movimientos, dueño de mí mismo.
Los distintos aromas florales de la región consiguen crear una fragancia única e incomparable, y ésta no se encuentra en el interior de un refinado bote de cristal, al contrario, podemos disponer de ella en el momento en que la queramos disfrutar sin entregar nada a cambio. El paso de un pequeño corzo junto a mi lado consigue evadirme o disgregar aún más mis raíces urbanas. Aquí no necesito ningún coche que me transporte, ni una televisión que me entretenga durante las horas muertas, y mucho menos el estrés o las prisas con las que convivo diariamente en la gran ciudad. Aquí todo es distinto, o al menos esa es mi percepción.
Miro al frente tratando de otear mi destino, y al hacerlo, compruebo que todavía me queda un gran trecho para llegar hasta el lugar elegido, así que no me queda más remedio que continuar disfrutando con el trayecto que aún me queda por delante. Los esfuerzos parecen surgir por sí solos, el cansancio se reduce a cada paso que doy, puede que sea debido al aire de las montañas, pero mi sentido común me indica que las características de la zona y mis intentos por evadirme psicológicamente representan los principales vehículos a través de los cuales trato de alcanzar dicho equilibrio físico y mental.
Al fin consigo llegar al colorido y húmedo páramo que me había marcado como meta, podría seguir, pero esto podría suponerme una abstracción total de la sociedad, lo que tampoco es uno de mis objetivos.

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