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viernes, 1 de febrero de 2013

¿Sobreviviremos a nuestras decisiones?

La verdad que se cierne sobre la corrupta y decadente política española parece que poco a poco va saliendo a la luz desvelando cómo la penosa situación económica por la que transita nuestra sociedad ha sido generada por el imparable saqueo que los políticos han realizado en nuestras arcas. Decisiones tomadas en base a una serie de intereses individuales, concesiones inimaginables, vía libre al desfalco, sobornos...y todo esto para obtener un beneficio propio a costa de la desgracia y el sufrimiento del prójimo.
Trato de ser imparcial y evaluar sus actuaciones,  pero el panorama actual provoca que la opinión que tengo acerca de este gremio de ladrones se extienda a lo largo y ancho de toda la fauna política que ha ido proliferando en España en los últimos años. ¿Acaso una democracia no debería de tener cómo único fin la mejora de los elementos de la sociedad?
Parece ser que no, o al menos esto es lo que demuestran la gran mayoría de sanguijuelas que nos gobiernan, a ellos únicamente les interesa su situación personal y así lo han demostrado durante su mandato, motivo por el cual no puedo evitar formularme la siguiente pregunta...¿Por qué son ellos los encargados de gobernarnos y dilapidar nuestro futuro?
Y he aquí la respuesta: nadie más que nosotros, los ciudadanos con derecho a voto, hemos elegido a estas personas y les hemos dado el mando para marcar el rumbo de nuestras vidas, hecho que me lleva a pensar que, en la parte que nos corresponda, nosotros también somos responsables de esta indeseada situación general. Personas que votan a un partido influenciado por intereses familiares, jóvenes que ejercen su derecho votando a un partido con el que no se identifican para que otro no gane, ancianos que regalan su elección a cambio de una merienda, empresarios que jamás mirarán por el bien común a la hora de acudir a las urnas...
Olvidemos el egoísmo y aprendamos a evaluar objetivamente, tomemos nuestras propias decisiones a la hora de elegir quién queremos que nos represente y de qué manera queremos que lo haga. Nos irá mucho mejor...estoy seguro de ello...

jueves, 31 de enero de 2013

¿Un relato corto casual o causal?

Aguardo su llegada durante un buen rato. Me encuentro sentado en un cómodo banco de madera, hecho que me parecería extraño si no estuviese en uno de los pintorescos lugares que suelo catalogar como inspiradores. Y lo considero así porque estos idóneos emplazamientos consiguen relajarme, al igual que su clima permite que  las ideas surjan por sí solas.
Sigo esperando, parece que hoy será uno de esos días en los que la inspiración parece tener mejores cosas que hacer, por lo que decido contentarme con observar  el paisaje y todo lo que sucede a mi alrededor. A lo lejos, un desconocido hombre de edad avanzada pasea lenta y silenciosamente. Tiene la mirada baja, reflexiva, y sus andares son más que pausados. No tardo en analizar sus planeados movimientos, de lo que deduzco que pronto pasará por mi lado.
A pesar de que suelo pasar desapercibido en este tipo de situaciones, he podido comprobar cómo su mirada se detenía sobre la imagen del grueso taco de folios blanco, los dos bolígrafos y el libro de Pablo Neruda que tengo a mi lado derecho. Sus gestos cambian radicalmente y, justo antes de preguntarme acerca de la obra del chileno, una arrugada sonrisa se dibuja en su cara y una grata sensación parece recorrer su cuerpo de pies a cabeza. Al parecer a él también le agradan los versos del conocido poeta, incluso llega a confesarme que estuvo escribiendo poesía durante algunos años influenciado por los trabajos de Neruda.
Tomando como punto de partida la opinión que ambos teníamos sobre este admirado escritor, finalmente hemos estado conversando largo y tendido acerca del panorama literario actual, escritores emergentes...y ya que estábamos sumergidos en estas cuestiones hemos aprovechado para realizar una comparativa de estas perspectivas actuales con las del pasado a través de sus bastos recuerdos, lo que puedo asegurar que me ha resultado gratamente interesante y gratificante.
Ha sido un encuentro casual, de eso no hay duda, aunque hay que admitir que la búsqueda de la inspiración, la cual me ha llevado a elegir este lugar, y la tenencia de la obra de Pablo Neruda han sido las causas por las que ha podido surgir la casualidad de dicho encuentro...

viernes, 18 de enero de 2013

Noche en blanco


Todavía no es medianoche, no obstante, y con la intención de matar algo del tiempo que suelo dedicarle a la televisión o caja tonta, como vosotros prefiráis llamar a semejante aparato, me siento frente al ordenador con el único fin de redactar algunos de los textos que, incompletos, esperan que llegue su oportunidad para así poder quedar finalizados. Pero no todo transcurre tal y como me gustaría, mi cabeza y mis pensamientos no están donde deberían, lo que me provoca una falta de concentración absoluta y una profunda dispersión de ideas.
Tomo aire, cierro los ojos durante unos instantes y trato de terminar con lo que un día empecé. Ni tan siquiera mi arduo empeño es capaz de conseguirlo, las palabras siguen resistiéndose a salir de la madriguera que mis inquietudes han creado a su alrededor.
Intento hacerme creer que no desistiré, nunca he sido de los que tiran la toalla a las primera de cambio, no dejaré que la falta de inspiración gane la batalla, motivo por el cual decido agarrar uno de los bolígrafos con los que tanto disfruto escribiendo debido al suave movimiento con el que se desliza entre mis dedos a la hora de plasmar las palabras sobre el grueso cuaderno en el que recojo mis anotaciones. De vuelta al método tradicional.
A pesar de mi voluntad y de las distintas ocurrencias que tan buen resultado me han dado en otras ocasiones, nada cambia, incluidas mis intenciones por llevar a cabo mi cometido, aunque quizás…esta sea una noche en blanco más…

miércoles, 16 de enero de 2013

¿Avance, progreso o…irrealidad?


Hay ocasiones en las que,  partiendo de una visión comparativa entre mis propias experiencias y los comportamientos actuales de la sociedad, he de admitir que añoro gran parte de mi pasado. La inocencia con la que solía compartir juegos, peleas y risas con mi hermano Carlos se ha convertido en una relación de innata madurez parcial adquirida por ambas partes, al igual que las insignificantes preocupaciones que merodeaban en mi interior por aquellas épocas han quedado sepultadas bajo la pesada losa que a día de hoy nos acompaña a través de las múltiples y novedosas necesidades que han ido surgiendo con el paso del tiempo.
En mi opinión, hemos perdido ciertos matices de independencia personal a causa de la implementación global de las nuevas tecnologías que nos llegan de la mano de smartphones, videojuegos, redes sociales y demás elementos que cautivan o copan nuestra atención.
Cierto es que nos aportan una mayor libertad a la hora de administrar y disfrutar nuestro tiempo, sin embargo, y a mi entender, las personas son cada vez más dependientes y solitarias, detalle que me lleva a cuestionar los distintos usos que por uno u otro lado limitan y distorsionan nuestras habilidades comunicativas. Ficción, mentiras o sub-realidades que no son más que un bálsamo que nos permite continuar esquivando un verdadero contacto con la auténtica realidad en la que vivimos.
¿Realmente podría alguien tener setecientos amigos?  ¿De qué nos sirve saber cuál ha sido el último comentario realizado por alguna tertuliana de la prensa rosa? ¿Nadie se cuestiona por qué hay un mayor número de personas interesadas en ver un partido de fútbol que en erradicar el hambre o la analfabetización en el mundo?
Aprendamos a elegir, o mejor,  aprendamos a seleccionar qué tipo de avances o progresos necesitamos realmente.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Regala intangibles

Centros comerciales abarrotados, riadas de gente transitando por las gigantescas tiendas que decoran las avenidas y estresados dependientes que apenas pueden dar abasto a las demandas de la clientela que se agolpa a su alrededor. Esta es la estampa ocasional que adquieren las grandes ciudades durante estas fechas y, viendo las caras de satisfacción con la que los consumidores realizan sus compras, creo que deberíamos realizarnos algunas preguntas tales como...¿Por qué nos limitamos a seguir la corriente que el materialismo nos marca en este tipo de celebraciones? ¿Seremos tan insensibles como los objetos que solemos regalar?
Mario y su mujer serán padres el próximo año,  su familia todavía no está enterada de ello, revelerán la noticia el día de Navidad. En dicho evento se encontrarán con Carlos, hermano del futuro padre de la criatura, quien también tiene algo bueno que contarles. Por fin ha encontrado un trabajo con el tratará de salir adelante una vez más. Ya no necesitará la pequeña ayuda económica que Maite, la mayor de los tres hermanos, suele enviarle gracias al jugoso sueldo que percibe como consecuencia de su traslado a las nuevas oficinas que su empresa decidió instaurar en Australia. Ha pasado tiempo de aquello, sin embargo, la sorpresa que ha estado guardando con tanto recelo pronto le recompensará. Ella también estará junto a los suyos durante unos días.
Pronto todos ellos podrán volver a saborear las recetas de Marta, una entrañable y cariñosa madre que por fin ha conseguido superar la grave enfermedad contra la que ha estado luchando de la mano de Pedro, el marido que tanto la ha apoyado y cuidado en tan complicada situación. Ya pueden respirar tranquilos y continuar con su habitual ritmo de vida.
Pues bien, he de deciros que esta familia acostumbra a no regalarse nada en estas fechas, simplemente se conforman con la idea de sentarse en la gran mesa de madera que preside el comedor familiar y compartir infinidad de sonrisas, recuerdos, alegrías, ilusiones, esperanzas...ya que con los años han aprendido a valorar  aquello que realmente vale la pena...

lunes, 10 de diciembre de 2012

El loco

El loco solía disfrutar caminando, escribiendo, leyendo, manteniendo interesantes charlas o pasando un buen rato con sus amigos. Algunos de sus conocidos acostumbraban a  llamarle así únicamente por sus arriesgadas y alocadas ideas, su ímpetu por superarse y ser feliz o simplemente lo hacían porque era distinto a ellos. Cierto es que, dentro de su buscado desarrollo personal, la locura representaba uno de los habituales pilares sobre los que gustosamente se apoyaba siempre que le era posible, lo que le permitía llevar a cabo un gran número de acciones creativas que trataban de huir de la monotonía que tanto repudiaba.
A medida que sus proyectos conseguían ver la luz y posteriormente se estabilizaban en un marco en el que la ilusión y el esfuerzo se entremezclaban entre sí, sus ideas pasaban a considerarse originales y no alocadas, detalle que, además de refrendar los progresos, conseguía abrirle los ojos frente a la inseguridad y desconfianza externas que se disfrazaban bajo la piel de opiniones insustanciales a las que nunca había prestado atención. Y ese era el momento en el que la satisfacción se desataba y le conducía hacia el mantenimiento y descubrimiento de los retos que tanto le apasionaban.
El tiempo, el esfuerzo y la constancia parecen haber dado sus frutos, muchos de ellos aún un tanto verdes, pero él prefiere que sea el paso de los días quien se encargue de hacerlos madurar. La confianza en sí mismo le ha alejado del inexplicable conformismo social y le ha otorgado una personalidad que ha ido amoldando sus inquietudes a cada paso que daba.
El loco ya no camina solo, le acompaña el apoyo y la confianza de amigos y compañeros, quienes finalmente han conseguido entender sus enrevesadas intenciones y pensamientos, hecho que es de agradecer. El viaje no será fácil, tendrá sus más y sus menos, momentos de grandeza y de bajeza, sin embargo, él espera que la continua lucha contra sí mismo termine por mostrarle con claridad el camino que el destino ha querido dibujar en su horizonte.
Bienvenidos al sorprendente manicomio de la vida, donde no son todos los que están...ni están todos los que son...

domingo, 2 de diciembre de 2012

Pasión desaforada


La fresca brisa que acompañaba la tarde hizo que todo fuese aún más intenso. El descontrol no tardó en apoderarse del momento mediante sus tiernos e incansables besos. Al parecer no tenía intención de detenerse bajo ningún pretexto, lo que trajo consigo una verdadera fantasía que lentamente luchaba por sucumbir ante la realidad de nuestro encuentro.
La calidez que sus brazos provocaban sobre cada rincón de mi cuerpo era casi extrema, situación que nos incitó hacia una acentuación anticipada del deseo que parecía querer desatarse de las riendas que la serenidad había colocado a nuestro alrededor. El ímpetu de nuestras acciones nos conduciría  hasta la inusual lujuria que solía presentarse en determinadas y contadas ocasiones alcanzando cotas emocionalmente inclasificables y dilapidando ciertos conflictos internos, los cuales se habían generado a raíz de algunas elecciones y vivencias del pasado.
El roce de su piel consiguió dejar nuestras placenteras intenciones al descubierto. Ningún inconveniente, ningún impedimento, y todo el tiempo del mundo para darle rienda suelta a nuestra escondida e insaciable pasión…