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jueves, 14 de noviembre de 2013

En busca del libro perdido

Ocurrió una noche de otoño, el insomnio había decidido aguar mi descanso, por lo que aproveché para sumergirme en alguna de las lecturas pasadas con la que hubiese disfrutado de manera extraordinaria, algo que suelo hacer cada cierto tiempo. Ojeé la estantería buscando algún libro que me trajera buenos recuerdos, daba el igual el género y el autor, solo quería pasar un buen rato hasta que mi mente y mi cuerpo me obligasen a soñar una noche más. De pronto recordé el argumento de un libro que ya había releído en varias ocasiones, se trataba de la historia de un joven iluso que, a pesar de haber encontrado distintos obstáculos en su camino, nunca se cansaba de luchar por aquello que anhelaba conseguir.
Lo más extraño de todo era que no recordaba el final ni el título de esta curiosa aventura existencial, y como tampoco era capaz de visualizar la cubierta, decidí revolver las estanterías con la esperanza de encontrar la obra que recordaba con tanta nostalgia, pero no obtuve el resultado esperado. Tras recapacitar y estrujar mi memoria durante unos minutos, terminé llegando a la conclusión de que el libro que andaba buscando únicamente existía en mi imaginación.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Un fin de semana distinto

Albarracín, un enclave fascinante y hasta la fecha desconocido para mí. Pedro, un genuino escritor y compañero de viaje. David, nuestro agradable anfitrión, a quien estoy más que agradecido por acogernos de la forma en que lo hizo, aportándonos cercanía, confianza y un sinfín de agradables sensaciones. Una combinación perfecta para el inicio de las jornadas literarias en las que participamos varios compañeros de editorial a través de distintos coloquios y presentaciones de nuestras obras.
La ilusión y dedicación fueron piezas clave para crear el ambiente literario deseado, no obstante, me siento obligado a resaltar el detalle que hizo posible la sorprendente sintonía de los presentes, su humildad, cualidad que considero fundamental en el mundo artístico por el que transitan muchas de nuestras ideas.
Durante los dos días que duró el encuentro vivimos intensa y conjuntamente como consecuencia de la participación en los actos, el compartir comidas, cenas, alojamiento e incluso emociones, lo que me ha permitido percibir y disfrutar de la personalidad de una decena de escritores que, al igual que yo, persiguen un sueño. Nunca había tenido la oportunidad de disfrutar de un evento literario de estas características, de hecho, he de reconocer que los nervios me rondaban internamente, sin embargo, y gracias al inigualable clima que entre todos conseguimos crear, no tardé en deshacerme de ellos y enviarlos al cajón de las inseguridades pasadas.
Quizás con el paso del tiempo ocurra, sin embargo, a día de hoy, estoy seguro de que me costará olvidar la confianza que Ángel depositó en mi al hacerme partícipe del encuentro; la admirable precocidad natural de Juan Martín Salamanca; los divertidos momentos compartidos con Dioni Arroyo gracias a Jesús, un lugareño que consiguió hacernos disfrutar la noche aún más de lo que ya estábamos haciendo; la simpática y alegre actitud de Mónica;  el genuino humor de Manolo Royo y su mujer; la experiencia y sabiduría que desprendían Fernando Pérez Sanjuan y Víctor J. Macías; las acompañantes y parejas de estos dos últimos, Paloma y Susana; los lazos de confianza que con el paso de las horas estreché con Pedro García Gallego; el dulce y avivado carácter de Lucía y Carmen;  la incomparable humildad con la que Antonio Vila hablaba de sus obras y trataba a cualquiera que se cruzase en su camino; las charlas y situaciones compartidas con Antonio Bosch y Bárbara…y, sobre todo lo nombrado anteriormente, el gran trabajo organizativo realizado por una magnífica persona, David Sáez, quien se encargó de hacernos sentir como en casa.
Hemos intercambiado opiniones, vivencias y reflexiones, motivo por el cual no creo que hubiese encontrado un lugar más adecuado que éste para agradecer la inyección de energía con la que regresé a Madrid, algo más que un buen sabor de boca…

Tantas y tantas sensaciones repartidas en apenas cuarenta y ocho horas, ¿se puede pedir más?

martes, 5 de noviembre de 2013

Y todo siguió su curso

En casa de la familia Orcallo Domínguez el silencio parecía ser el único invitado que no buscaba refugio entre el lamento y los recuerdos. El sufrimiento que había rodeado la vida de Carlos en los últimos años había concluido entre llantos y bondadosas alusiones a su persona. Es duro aceptar una ausencia, no obstante, Celia, su inseparable pareja de baile sentimental y espiritual, respiraba aliviada. Sentía el dolor incrustado en sus entrañas, había vivido los mejores y peores momentos de su vida junto a él, disfrutando, soñando,  viviendo acorde a su realidad. Prácticamente todo lo hicieron juntos, pero no revueltos. La suya había sido una relación gestionada de forma tradicional, nunca habían creído en las moderneces o en los continuos cambios sociales que alteraban el sentido de las relaciones de pareja.  Ellos habían apostado fuerte por sus sentimientos, consiguiendo así un resultado más que admirable.
Ulises, el mayor de sus cuatro hijos, dejó que sus hermanos continuasen añorando la figura paterna, se acercó hasta el rincón en donde  su madre se cobijaba de la muchedumbre aduladora y la abrazó a pesar de que, en ese momento, él se encontrada incluso más afectado.  Era hora de arroparse, de mostrar el apoyo y cariño necesarios para superar el mal trago lo antes posible. Ambos lo sabían, se habían concienciado de ello durante los últimos meses, por lo que nada de lo ocurrido les había cogido por sorpresa, sabían que para ellos la vida seguía, seguiría su curso, el tiempo se encargaría de que así fuera… 

jueves, 26 de septiembre de 2013

Distintos golpes de suerte…¿distintos mundos?

El señor Harrison deambula por las calles de Nueva York, deseoso y emocionado por comenzar a trabajar en el nuevo proyecto que su empresa tiene entre manos. Él será el máximo responsable, su esfuerzo por fin ha dado resultado, el tiempo invertido al fin le será recompensado mediante un buen aumento de sueldo. Y no tardará en compartir este logro con los suyos, para él, la suerte ha llegado de la mano de sus propósitos laborales.
Al otro lado del mundo, Bian aguarda ansioso junto al resto de los muchachos de una aldea próxima a Touba, una ciudad senegalesa que diariamente lucha por tratar de darles un futuro mejor a sus habitantes. Ninguno de ellos ha pisado nunca una escuela, sin embargo, parece que esta situación no tardará en cambiar gracias a la labor humanitaria que una ONG realiza en la región. La mayoría ya no tendrá que seguir trabajando debido a la falta de oportunidades y podrá optar a una formación y educación que, aun siendo un tanto básicas, les ayudará a cambiar la suerte de su destino.

Arrestado desde hace algo más de un año, Sam Hirokashi aguarda la aprobación de la nueva ley que le permitará volver a ser libre. Su único delito fue mostrar la realidad en la que vive escondida la población por miedo a las represalias gubernamentales. La censura no consiguió frenar la difusión de sus escritos, por lo que ciertos líderes ideológicos sí se encargaron de parar un movimiento de rebeldía e inconformidad que cada vez iba ganando más adeptos. La plataforma encargada de proteger los derechos humanos ha fijado sus miras en este caso debido a la relevancia que el asunto ha ido adquiriendo gracias a la labor comunicativa que los seguidores de Hirokashi han llevado a cabo. Podría decirse que Sam esta vez ha tenido suerte…
Los tres sienten que la suerte ha llamado a su puerta pero…¿viven los tres en el mismo mundo?

jueves, 19 de septiembre de 2013

Ya no hay vuelta atrás

Traté de asimilar las cosas tal y como eran, no quería ni podía seguir engañándome, debía concienciarme y prepararme para los días grises y los insensatos recuerdos que revolotearían en mi cabeza alterando su estado natural. Sentí cómo las espinas se clavaban en mi corazón, impacientes por darle un final a aquello que no parecía tener solución. La resignación había tratado de hacerle frente a nuestra realidad, imponiéndose ésta última a los deseos y esperanzas que traté de conservar hasta el último momento. Era tarde para cambiar, las contínuas oportunidades se habían esfumado entre un mar de confusas intenciones, mis expectativas habían perdido la batalla.
Aceptaré un futuro sin tí, dejaré de soñar con tu eterna presencia. Las lágrimas derramadas y los arañazos del alma acompañarán al sufrimiento que tanto evité conocer a lo largo del tiempo, nuestros caminos ya no seguirán manteniendo el mismo rumbo, es algo inevitable. La lucha ha terminado, llega la hora de aceptarlo, no queda otro remedio, nuestro destino ha hablado.

martes, 20 de agosto de 2013

El creador de historias

Desenfundo el bolígrafo y lo aprisiono entre mis dedos con ansia, ando como loco por narrar alguna de las peripecias que revolotean por mi mente. Sobre el escritorio, un buen número de folios en blanco aguardan a que la tinta comience a transformarlos, ellos también quieren formar parte del proceso creativo.
Una vez llegado a este punto, la creatividad no se detiene, al contrario, lucha por mantener un incesante ritmo desde el principio. No hay tiempo para elocuraciones o divagaciones, es hora de dejarse llevar por la agilidad de la muñeca, habilidad que se eleva hasta límites insospechados gracias a la escritura. Un párrafo sucede a otro, la satisfacción aumenta de forma gradual, las ideas brotan por sí solas y la imaginación hace el resto.
Redacto, sucumbo ante los encantos de las letras y decido enlazarme a ellas interiormente, así es todo más fácil, más ameno. Desnudo las frases, las trato con cariño y sutileza a la vez que mimo mis expresiones y cuido mi vocabulario. Reconozco que me apasionan estos procesos, no me importaría refugiarme en ellos cada noche, así podría vivir sumergido en una historia interminable cuyo signo distintivo fuese una constante evolución. En ella no habría atascos, ni falta de inspiración.

Deseo ser el autor y escritor de mi destino literario. Confío en que esa sea mi meta final, narrar y contar, contar y narrar...


lunes, 12 de agosto de 2013

Rumbos solidarios

Tengo la sensación de haber estado sumergido en un sueño del que todavía no he logrado despertar. Quizás sea consecuencia de la pronta nostalgia con la que recuerdo cada una de las situaciones y emociones que recientemente han ido surgiendo a mi alrededor, provocadas por el gran número de personas que han hecho posible algo único, inolvidable y especial.
Hoy es uno de esos días en los que me siento feliz por haber colaborado con un inigualable grupo de compañeros, el haber coincidido con ellos me ha permitido comprobar una vez más lo que un gesto o una sonrisa pueden cambiar.  Les echaré de menos, ha sido algo intenso, difícil de olvidar. Las casualidades y causalidades han hecho posible lo imposible, y creo poder decir que vuestro trabajo justifica dicha teoría. Gracias por todo lo vivido durante estos días, gracias por hacer del mundo un lugar mejor.

Un consejo, nunca cambiéis…ni dejéis de soñar…