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martes, 20 de agosto de 2013

El creador de historias

Desenfundo el bolígrafo y lo aprisiono entre mis dedos con ansia, ando como loco por narrar alguna de las peripecias que revolotean por mi mente. Sobre el escritorio, un buen número de folios en blanco aguardan a que la tinta comience a transformarlos, ellos también quieren formar parte del proceso creativo.
Una vez llegado a este punto, la creatividad no se detiene, al contrario, lucha por mantener un incesante ritmo desde el principio. No hay tiempo para elocuraciones o divagaciones, es hora de dejarse llevar por la agilidad de la muñeca, habilidad que se eleva hasta límites insospechados gracias a la escritura. Un párrafo sucede a otro, la satisfacción aumenta de forma gradual, las ideas brotan por sí solas y la imaginación hace el resto.
Redacto, sucumbo ante los encantos de las letras y decido enlazarme a ellas interiormente, así es todo más fácil, más ameno. Desnudo las frases, las trato con cariño y sutileza a la vez que mimo mis expresiones y cuido mi vocabulario. Reconozco que me apasionan estos procesos, no me importaría refugiarme en ellos cada noche, así podría vivir sumergido en una historia interminable cuyo signo distintivo fuese una constante evolución. En ella no habría atascos, ni falta de inspiración.

Deseo ser el autor y escritor de mi destino literario. Confío en que esa sea mi meta final, narrar y contar, contar y narrar...


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