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martes, 5 de noviembre de 2013

Y todo siguió su curso

En casa de la familia Orcallo Domínguez el silencio parecía ser el único invitado que no buscaba refugio entre el lamento y los recuerdos. El sufrimiento que había rodeado la vida de Carlos en los últimos años había concluido entre llantos y bondadosas alusiones a su persona. Es duro aceptar una ausencia, no obstante, Celia, su inseparable pareja de baile sentimental y espiritual, respiraba aliviada. Sentía el dolor incrustado en sus entrañas, había vivido los mejores y peores momentos de su vida junto a él, disfrutando, soñando,  viviendo acorde a su realidad. Prácticamente todo lo hicieron juntos, pero no revueltos. La suya había sido una relación gestionada de forma tradicional, nunca habían creído en las moderneces o en los continuos cambios sociales que alteraban el sentido de las relaciones de pareja.  Ellos habían apostado fuerte por sus sentimientos, consiguiendo así un resultado más que admirable.
Ulises, el mayor de sus cuatro hijos, dejó que sus hermanos continuasen añorando la figura paterna, se acercó hasta el rincón en donde  su madre se cobijaba de la muchedumbre aduladora y la abrazó a pesar de que, en ese momento, él se encontrada incluso más afectado.  Era hora de arroparse, de mostrar el apoyo y cariño necesarios para superar el mal trago lo antes posible. Ambos lo sabían, se habían concienciado de ello durante los últimos meses, por lo que nada de lo ocurrido les había cogido por sorpresa, sabían que para ellos la vida seguía, seguiría su curso, el tiempo se encargaría de que así fuera… 

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