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miércoles, 20 de marzo de 2013

Pasado latente


Recuerdo como reíamos aquellas inolvidables e interminables tardes en las que nos dejábamos llevar por nuestros impulsos. Anhelo la seguridad  que tu sola presencia conseguía otorgarme y se acentuaba por medio de tus palabras. Echo de menos el susurro con el que acostumbrabas a despedirme cada noche y me hacía partícipe de tus arraigados y desatados sentimientos. No creo que resulte fácil olvidar las innumerables pasiones desatadas tras el telón de la serenidad que tantas veces se vio obligada a abandonarnos debido a nuestro incesante empeño. Guardo nuestras divertidas anécdotas en el baúl de las emociones pasadas esperando que alguien sustituya o resurja su contenido.
Recibo a mi pasado entre dudas, comparaciones y esperanzas que rememoran nuestra historia y provocan una búsqueda existencial de los factores y razones que provocaron el desafortunado final, pero nunca encuentro una respuesta que consiga paliar las inquietudes generadas.
Puede que sea cosa del destino, ese viejo experimentado que habitualmente acostumbra a sorprendernos a través de sus indecisas y, en algunas ocasiones, inexplicables razones que generalmente surgen de la nada y tanto consiguen condicionar nuestro presente. Caeré en sus garras cuantas veces sea necesario para encontrar la verdadera percepción de mi realidad interior y aceptar que, en la gran mayoría de los casos, las lágrimas marcarán el rumbo y el comienzo de las ilusiones que aún estén por llegar.

2 comentarios:

  1. Es encantador leerte en ese caudal de vivencias que constituyen la riqueza magnífica de tus jóvenes años. Casi me animo a llamarla "filosofía" por tu constante búsqueda de las esencias de las cosas, de los hechos. Esa "filosofía" que acucia indagando en la subjetividad de los sentimientos, de las ilusiones. Esa "filosofía" capaz de permitirte expresiones de poeta.

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