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jueves, 8 de noviembre de 2012

Sociedad nostálgica, futuro incierto

El grosor de la persiana ocultaba todo lo que estaba sucediendo. Fuera, el tintineo de la realidad parecía haber golpeado contra la credibilidad de quienes aún continuaban con los ojos cerrados, sin embargo, pronto se darían cuenta de los profundos cambios que rápidamente se extendían a lo largo y ancho de nuestro territorio. Y es que por mucho que no que no quisieran cambiar su perspectiva, tarde o temprano tendrían que hacerlo como consecuencia de lo que ellos mismos habían creado con el paso de los años.
Hemos dejado atrás las épocas doradas en las que todo a nuestro alrededor parecía florecer de una forma inusual y acelerada para buscar, o mejor dicho, para desear la existencia de los tan apreciados brotes verdes. Pero señores, he de advertirles que todavía queda mucho para la llegada de esta genuina y escéptica primavera, así que prepárense.
Y qué decir de nuestras actitudes y comportamientos, tan pesimistas, revolucionarios y a su vez contradictorios que, lentamente, van creando un esperado y explosivo cóctel que amenaza con volverse más potente y subversivo.
En mi opinión, creo que la gran mayoría de la sociedad, entre la que me incluyo a mí mismo, se había acomodado frente a lo que nuestros progenitores y antepasados nos tenían acostumbrados: oportunidades que llegaban de mano de la más insensata inercia familiar o de la ley del mínimo esfuerzo. Y a medida que esta sociedad ha ido despertando ha podido darse cuenta de que hemos ido evolucionado, pasando de la competición, lucha y obtención de nuestras metas y aspiraciones al conformismo general y comparativo que finalmente ha terminado cayendo en las garras de la desmotivación y aceptación de la derrota en la que algunos ni siquiera han tenido la oportunidad de participar. Es triste, pero es así, y si no dejamos de lado el egoísmo y la falta de empatía con el prójimo iremos a peor.
Lo que se originó como un estado pasajero se ha incrustado fuertemente en nuestras actividades diarias, provocando un clima pesimista que navega por los mares de la incertidumbre y amenaza con un hundimiento global. Es hora de dejar de mirar únicamente por nosotros mismos, de ayudar sin esperar nada a cambio, de volver a ser personas que no se mueven por interés... Sólo así podremos fabricar un futuro que, en vez de asustarnos, nos ayude a vivir, conseguir nuestros sueños y ser felices...

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